El Club Knut

El Club Knut... Un anacronismo. El vestigio de un mundo desaparecido en el pozo de las transformaciones sociales. Una isla perdida en el espacio-tiempo de la Historia.


miércoles, 30 de enero de 2013

El lenguaje de las gentes del Club


En el contenido de las reseñas críticas que han ido apareciendo en los diversos blogs literarios sobre Gentes del Club hay un elemento que destaca sobre los demás, y que ha llegado a ser la piedra de toque en torno a la opinión que el libro merece. Dicho elemento es el lenguaje utilizado por los distintos narradores de las historias que componen la obra.

«El estilo es clásico, solemne en ocasiones y algo rancio; algunas palabras hace años que no las oímos». «El libro está narrado con una prosa que en principio puede chocar; su cualidad principal es que está algo desfasada, con un lenguaje que nos traslada años atrás y donde se hace uso de palabras obsoletas». «(…) un vocabulario en desuso y arcaizante que da un tono uniforme a toda la narración y marca ese carácter de museo viviente del Club». «(…) un lenguaje con palabras arcaicas y muy ornamentado». «El lenguaje puede resultar chocante por la cantidad de vocabulario en desuso que utiliza».

La opinión es unánime, como se advierte en estas frases precedentes, extraídas de las reseñas a las que se puede acceder en la página de este blog a ellas dedicada. Ahora bien, esta unanimidad deriva curiosamente en dos actitudes opuestas: vituperar o ensalzar el libro. En algunos casos se ha incidido en este aspecto para resaltar su completa adecuación al carácter de las historias que se cuentan, mientras que en otros ha servido para descalificar el estilo por parecer forzado y resultar incómodo de leer.
Este texto es una creación propia de Devoradora de Libros y no está permitida su copia.
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¿Y el autor? ¿Qué dice el autor de todo esto? Consultado el interfecto, esto es lo que ha alegado en su descargo:
«El lenguaje, como en algunas reseñas se ha hecho constar, es utilizado en esa forma arcaizante y barroca de modo deliberado; lo cual responde a su concordancia con los distintos personajes que aparecen en el libro así como con el tono de humor que se ha pretendido conferir a las historias que en aquél se narran.
Esos personajes aprendieron a leer mucho antes de que España se convirtiera en una Monarquía Parlamentaria, normalmente de la mano de madres y padres que a su vez aprendieron los mecanismos de la lengua en los primeros decenios del siglo XX. Tiene su lógica, por tanto, que las gentes de este Club que profundizaron por vocación o por obligación en el conocimiento de la lengua de Cervantes empleen giros y vocablos un tanto diferentes del habla coloquial del actual siglo.
De hecho, ya advierte en el prólogo el bueno de Carlos Cheddar que este libro tiene cierto empeño en “narrar las vicisitudes de sujetos más propios del pasado que del presente. Pero, precisamente por esa llamada al pasado, piensen los lectores rebeldes en estos relatos como si fueran parte de una novela histórica. ¿Rechazarían una novela histórica por el mero hecho de serlo?
Por otra parte, el estilo narrativo forma parte esencial del ambiente irónico en que se envuelven las anécdotas o historias que refieren esas gentes. La ironía, la sátira, el humor en general, pueden residir tanto en el contenido de lo escrito como en la forma en que se escribe. Esa forma, en este caso, consta de una mezcla de tono solemne y chispeante en distintas proporciones, según los casos».
En resumidas cuentas, el lenguaje y el estilo con que Gentes del Club se presenta puede resultar placentero o insoportable según los gustos de cada lectora (o lector); y ambas opiniones son aceptables, por supuesto. Pero no sólo tiene su razón de ser, sino que “es” la razón de ser del libro.

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